Homenaje al profesor Paúl Georgescu, por Rafael Fuentes

El profesor Georgescu fue una persona que vivió una vida que valió la pena vivirla. Nos dejó un legado de virtudes, congruente, respetuoso, responsable, justo, objetivo, siempre buscó la participación y la cooperación de todos, tanto en nuestro proceso de aprendizaje como también en la construcción de una idea muy poderosa: la idea de la integración regional. Un día en plena clase, nos preguntó: ¿quién quiere venirse conmigo a la expedición a la Patagonia, a través de los ríos, para demostrar que son navegables y que podemos integrarnos? Solo Fernando levantó la mano. A su regreso, el profesor Georgescu, nos contó que nunca olvidaría a los indígenas campesinos Machiguengas, quienes pasaron con ellos protegiéndolos en pleno Amazonas a través de una lluvia de flechas envenenadas de los indígenas Amahuacas, lamentablemente el compañero Fernando había sido herido, pero también salvado por los Machiguengas, quien sabe con cual menjurje. Todo esto está en su libro “El camino fluvial de América Latina, ríos de integración” el cual es un reporte de una expedición que comenzó desde Margarita, hasta llegar a la Patagonia Argentina, a través de todo el continente, demostrando que si son navegables y el potencial de integración infinito. Fue una persona útil, versátil, confiable, integral. Nos dio las bases de cómo se comportaban los fluidos, con los axiomas de los alemanes más conspicuos del siglo XIX y XX, pero nos lo enseñaba con tal alegría y sentido del humor, que generaba en nosotros, “Los CAMPANAS”, (los camaradas panas) como nos llamaba, un sentimiento de apego y cariño, totalmente singular y único para nosotros. Ganó la primera y precursora encuesta de evaluación profesoral realizada por estudiantes, que luego quedó institucionalizada por la Universidad, siendo premiado como el mejor profesor de Ingeniería mecánica, (sacó mucho más puntos que el resto de los profesores de las demás carreras, también premiadas) que hicimos desde el centro de estudiantes de la USB, siendo otorgado el premio por el rector José Roberto Bello. Sin duda el Profesor Paúl Georgescu tuvo una vida rica en aventuras, en docencia y alegrías, una vida que valió la pena vivirla. Siempre me pregunto, sobre todo cuando la vida se nos hace tan precaria y soñolienta, ¿qué hubiera sido de mi vida si hubiera levantado la mano cuando el profesor Georgescu pregunto en clase: ¿quién quiere acompañarme? Paz a su alma.

Rafael Fuentes.

Comentarios

comentarios