Entrevista a egresada Catalina Ramos

El legado de Cathy Ramos en construcción.

Espero dejar una huella en la relación egresado-universidad

cathy ramos entrevista.

Es una apasionada de las políticas públicas, de la universidad, de lo gremial y, en general, del servicio público. Una vida llena de metas que se hilvanan en una misma dirección que es trabajar por lo social, por la gente y por construir un entorno confortable, próspero y en paz, donde el conocimiento y la meritocracia sean valores en función del bien común.

Un servidor público es una persona que trabaja orientado a generar bienestar en la sociedad. Brinda un servicio de utilidad social. Quiere decir, que su labor beneficia a otras personas y no genera ganancias, más allá del salario que pueda percibir por su trabajo. Suele administrar recursos que pertenecen a la colectividad por lo que su comportamiento debe ser intachable dado que la comunidad confía en su honestidad, lealtad y transparencia.

Uno de los rasgos que sobresalen en un servidor público es su ética, en virtud de que las consecuencias de sus acciones llegan a un conjunto mayor de la población. Es apasionado y desde su perspectiva “quiere arreglar el mundo” y, en muchos casos, tienen con qué. Si Mafalda pide que “paren el mundo porque me quiero bajar”, un servidor público no quiere perder el autobús para arreglarlo, siempre tiene opciones y caminos en todos los ámbitos donde se desempeñe.

Así podríamos definir a Catalina Ramos, como una servidora pública, a quien le sobran los motivos y las ideas para mejorar el entorno donde actúa y, al mismo tiempo, se ve en el futuro construyendo el país de nuevo, considerando que se perdió en los últimos años por un enjambre de malas políticas y peores ideologías.

Por ello Cathy sintió que le quitaron el piso y no sabía qué hacer cuando fue “botada” del Ministerio de Ciencia y Tecnología, después de abril de 2002, al salir de todos los profesionales y técnicos que no eran del partido de gobierno. Venía de trabajar en el otrora Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, CONICIT, más específicamente en Fundacite Aragua, una de sus entidades descentralizadas de entonces.

“El año 2000, -nos cuenta-, era la época en que se estaba discutiendo la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Me llamaron para formar parte del equipo que diseñó, configuró y fundó ese ente, donde trabajé hasta 2002. Éramos una generación de técnicos que veníamos obrando desde el CONICIT. Ya tenía ocho años laborando en el sector público. Luego de abril de 2002, ellos cierran filas y solo dejan su personal de confianza que había ingresado principalmente desde el mundo político. Me preguntaron si me quería ir. Les dije que no. Entonces, me botaron”.

Para esta servidora pública esa experiencia fue muy dura. “Siempre he tenido pasión por el sector público, por trabajar en políticas públicas. Todo lo que tiene que ver con aplicación de políticas y alternativas a la sociedad y al país. Desde mi graduación de postgrado, no había hecho otra cosa que trabajar en el sector público”.

“Y ahora qué hago-, -se preguntó-, si el sector público lo tienen ellos? ¿Dónde voy a trabajar? Este sacudón hizo que Cathy Ramos repensara qué hacer y fue así como realizó su pasantía por el sector privado. Comenzó a efectuar trabajos como consultora particular para empresas, en el ámbito de desarrollo de proyectos de tecnología e innovación.

Recién graduada había trabajado en la Corporación Venezolana de Guayana, CVG, Proforca, una empresa que desarrolla el programa de plantaciones de Uverito. Maneja el conocido Bosque de Uverito, entre los estados Anzoátegui y Monagas. Es el paño forestal más grande del mundo plantado por el hombre, con alrededor de 600 mil hectáreas en plantaciones de bosque de Pino Caribe.

La contrataron en 1991-1992 porque la empresa tenía un grave problema con una plaga de bachacos, y como ella había trabajado con hormigas en sus tesis de pregrado, en la licenciatura en Biología y postgrado, en la Maestría en Ciencias Biológicas en la Universidad Simón Bolívar, USB, fue a ver qué podía hacer para controlar esa plaga. Allí logró, junto a su equipo, hacer un estudio para el control biológico. Fumigaban e iban al control previo antes de la siembra y se mantuvo. “No sé qué están haciendo hoy día”.

Uno de los trabajos que Catalina recuerda con mucho entusiasmo fue el realizado para la Fundación de Investigación y Desarrollo de la USB, Funindes, a través de la cual profesores y unidades de la Universidad prestan sus servicios externos y es la institución la que factura.

“En el mejor momento de la Locti, la USB era una de las que más proyectos estaba trabajando. Me pidieron que revisara los informes de ejecución. Fueron más de 500. Debía elaborar un informe de rendición de cuentas y resultados. Había que hacerlos en un formato determinado. Era como una traducción, según la naturaleza del proyecto. Unos eran muy científicos y otros muy técnicos. Esos reportes eran tanto para la empresa como para el Ministerio. Si la compañía no entendía los términos en que se estaban presentando los resultados, podría decir que no sabía qué estaban haciendo en el proyecto y, en consecuencia, dejaba de aportar dinero”, sostiene.

Así como el río vuelve a su cauce, el servidor encuentra el camino para volver al sector público. Llegó. Ahora como asesora al Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Fonacit, en lo que después se convirtió el Conicit. Se transformó en un fondo de financiamiento y, en la oficina de Maracay, donde había mucha gente que la conocía, la contrataron para proyectos Locti, Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación.

En el sector privado se desempeñó en empresas agrícolas, en el área de desarrollo de proyectos que pudieran aplicar a la Locti. Fue gerente de Operaciones de dos firmas de tecnología e hizo asesorías para la Corporación Andina de Fomento, CAF, en innovación y desarrollo tecnológico.

Continuó ejerciendo la consultora privada hasta que en 2010, María Corina Machado le pidió que la acompañara en su campaña para las elecciones primarias como diputada por Miranda. Desde esa época forma parte del equipo, donde se desempeñó hasta septiembre de este año como Coordinadora Nacional de Formación en el partido Vente Venezuela. Desde hace 2 meses asumió un nuevo reto, construir una nueva relación entre la ciudadanía organizada y el partido político, como Coordinadora Nacional de Asociaciones Ciudadanas de Vente.

“A partir de entonces, empecé a incursionar en el mundo político para aplicar lo que sabía: el conocimiento, la búsqueda de información, el debate y la generación de ideas y de políticas públicas. Me reencontré con el mundo de las políticas públicas desde otra perspectiva. Desde lo político”, dice.

 

cathy ramosPasión por la Simón

Desde que Catalina Ramos ingresó a la Universidad Simón Bolívar y luego de egresada, nunca se ha desvinculado de ella. Si bien es cierto que los egresados de todas las casas de estudio aprecian y valoran su universidad, en “La Simón”, como la llaman, se establece una magia que le impide ser indiferente. “Nos sentimos como en casa”.

“Cuando nos graduamos, comenzamos a trabajar con la Asociación. No existía otra entidad de egresados, lo que indica, de alguna manera, el sentido de pertenencia a un lugar que nosotros teníamos versus el resto de los titulados universitarios. La Asociación de Egresados de la Universidad Simón Bolívar, AEUSB es la agrupación de egresados pionera en nuestro país, con más de 20 años de existencia”.

El compromiso de esta dirigente gremial con la Universidad fue un “…hasta que la muerte nos separe”. Siempre ha estado en actividad. Durante su postgrado fue delegada al Consejo Directivo por los egresados. Luego estuvo en la Asociación de Egresados. Posteriormente ejerció como delegada principal y ahora, presidente de la AEUSB y delegada suplente al Consejo Directivo.

Nunca ha habido una ruptura en la relación con la Universidad. Solo un cambio de roles. “Estar vinculada a la universidad donde me formé y aprendí tantas cosas, no solo en Biología, sino de la vida y la política universitaria, es una de mis pasiones”.

Uno de los valores más arraigados en Cathy es la libertad. Ella venía del interior del país. En su casa había una típica educación española de muchos controles y disciplina. Al ingresar en la USB tuvo que aprender a tomar sus propias decisiones, organizarse y hacer lo que quería. Cedía en algunas cosas y le salían mal otras. Todo lo aprendió en la Universidad.

“La responsabilidad inherente a las decisiones que tomamos es lo que es ser verdaderamente libre. Cuando somos adolescentes creemos que ser libres es que nuestros padres nos dejen hacer lo que deseamos. Que nos dejen salir hasta la hora que queramos, que nos permitan llevar el carro y fumar, entre otras cosas. Pero cuando la vida depende de tus disposiciones, esa es la verdadera libertad. Es tomar las determinaciones que anhelemos, sabiendo que tienen consecuencias y esas también son nuestras. Todo eso lo experimenté en la USB.”,  sostiene.

También asimiló que se tiene una responsabilidad que va más allá de uno mismo y que es donde se está. Fue un descubrimiento estupendo a través de amigos que conoció casi entrando a la Universidad, con quienes todavía mantiene una bellísima amistad. Eran del movimiento “Fórmate y Lucha”, del que formaban parte.

“Estás en la Universidad, -afirma-, y hay cosas que no están funcionando bien y sobre las que tienes algunas ideas. Entonces, por qué no formar parte de la solución. Estuve en el Centro de Estudiantes y en la Proveeduría Estudiantil. Fue durante mi época de estudiante. No podía quedarme quieta y pasiva viendo que habían cosas en las que podíamos aportar”.

Es indudable que lo gremial es una de las pasiones de Catalina Ramos. En la USB se mueve como pez en el agua. Puede opinar sobre los temas que atañen a la casa de estudios con todos los miembros de la comunidad: autoridades, docentes, personal administrativo y obreros. Siempre buscando mejorar lo que existe. Hoy están conversando sobre la relación entre la universidad y sus egresados. Ese es un foco que no quiere perder de vista. Es su misión personal, es un propósito de vida que la mueve y le da mucha fuerza para continuar luchando por las condiciones de la universidad, de los egresados y de quienes hoy son estudiantes pero pronto serán egresados.

cathy ramos entrevista¿Es ese tu legado?

“Legado suena muy grande. En la Simón Bolívar espero dejar una huella en cuanto a la visión de la universidad y la relación con los egresados. Estamos entrampados en un círculo vicioso. Seguimos diciendo que somos autónomos pero dependemos del Estado en un 80 por ciento. Quisiera profundizar el rol de los egresados, que se integren más a la Universidad, no sólo desde lo financiero, que siempre va a hacer falta, sino también desde las ideas, las redes y sus experiencias”.

Un egresado es un hermano

El país está atravesando una situación que pudiera ser la más grave de su historia republicana. Los ámbitos económico, político y social están desdibujados a tal punto que es una constante que estudiantes y profesionales talentosos huyan del país en busca de oportunidades de estudio, de trabajo y de una vida digna.

Los egresados de la Simón Bolívar están por todo el mundo. Afortunadamente son muy bien recibidos, dada su excelencia profesional y calidad humana, en virtud de que la USB forma profesionales integrales. Son muchos quienes desde diferentes partes del planeta están atentos a lo que sucede en su país y en su universidad.

Eso es una evidencia en la formación de una fundación de egresados allende las fronteras. Se trata de AlumnUSB, que coordina, entre otras actividades, #UnCaféxUSB, que se realiza en más de 25 países, para recaudar fondos para proyectos específicos de la universidad. Se han realizado en Estados Unidos, Canadá, Colombia, Panamá, España, Australia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Suecia, China, Chile, Perú y, por supuesto Venezuela”.

Cathy Ramos considera que todos los uesebistas cuando los llamas desde la universidad responden “como yo, como todos nosotros. Pudiera ocurrir, -explica-, que algunos que tuvieron alguna experiencia muy negativa en Venezuela, como un secuestro o una expropiación y, el dolor es tan fuerte que no quieren saber de nada. Ni siquiera de la Universidad”.

“En general, -relata-, donde consigues un egresado de la Universidad Simón Bolívar y descubre que eres su colega, lo primero que ocurre mágicamente es que sientes que estás hablando con un hermano, como si nunca lo dejaste de ver. No hay desconfianza de ningún tipo. Segundo, enseguida entablas conversación en torno a la universidad, lo que está pasando y siempre buscas el vínculo. Te piden que anotes su correo y se ofrece para colaborar. ¿‘Qué hago’? ¿‘Cómo puedo ayudar’?, dicen. Y de inmediato se reencuentran con la Universidad”.

Evidentemente, Cathy tiene una atracción por la política. Ha podido ejercer cargos públicos y piensa continuar haciéndolo, pero en otro entorno-país. Entre otros, fue Directora General de Transferencia Tecnológica y Científica en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, en época del ministro Carlos Genatios.

“Me pareció una experiencia fascinante. La repetiría, pero claro, en otra realidad. En la actual no. En esa época todavía, a pesar de que era este gobierno, había respeto por el conocimiento y lo que significaban las ideas y la trayectoria de la gente. No se había politizado. Se hacían propuestas y las discutías. No eran invalidadas por el hecho de que no fueras del mismo partido político”

¿Cuál es tu visión personal en cinco años?

¡Chanfle! No sé. Ahora tengo un reto en los próximos dos años que es terminar esta gestión de la AEUSB de mejor manera posible, dejando lo que te decía al principio: Esa marca, iniciar la discusión para lograr esa nueva forma de relación de la universidad con sus egresados y de la universidad con el país.

Si lo logro, sentiré que hice mi tarea, di mi aporte y me sentiré satisfecha. Ojala pueda darse, no solo eso, sino avanzar hasta la fase siguiente que es que la universidad de ese vuelco, se modernice y llegue a ser lo que fue en la época en la que yo estudiaba.

En el ámbito de lo político, me gustaría estar en un gobierno de transición, en el que de verdad se apueste al conocimiento, a la innovación, al respeto por los derechos individuales de las personas, al libre desarrollo y la prosperidad de cada venezolano, en el que Venezuela se convierta de nuevo en un país puntero en Latinoamérica como lo fue en alguna época.

No sé si sucederá en cinco años pero estamos en ese proceso. Sentando las bases. Los egresados de la Simón Bolívar tienen mucho que hacer y todas las universidades públicas y privadas, pero sobre todo, las públicas tienen que dar un gran aporte para que eso suceda.

Tengo mucha esperanza de que eso pase. Solo que las circunstancias del país van a una velocidad y el nivel de angustia de la población nos va llevando a situaciones tan insólitas que a lo mejor pasa antes. Me gustaría ser parte de esa modernización y ese cambio de la universidad y del país.

Ciertamente, Catalina Ramos es una servidora pública y coloca a la disposición de los venezolanos su formación en políticas públicas, con conocimiento, trayectoria, experiencia, mucho profesionalismo, compromiso y ética. Es el tipo de personas que reclama nuestro país.

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