Entrevista a egresada María Eugenia Figarella

María Eugenia Figarella: representante de los egresados en el Consejo Directivo

Si pedimos participación y democracia, tenemos que ejercerlas y asumir nuestras responsabilidades

 

María Eugenia Figarella es la representante principal al Consejo Directivo de la Universidad Simón Bolívar, USB, por los egresados, cargo que viene ejerciendo desde el año 2010. Sus suplentes son Catalina Ramos y Anthony Masri y por ello cree que su legado no es personal, sino de la delegación completa. Considera que lo más importante es haber traído la visión del mundo exterior al Consejo Directivo “porque a veces, se plantean discusiones en las que se piensa que el problema está en la Universidad y la realidad es que se encuentra en el país”.

Manifiesta que todo el sector productivo está afectado y dar una opinión desde el punto de vista externo es de gran significación para las decisiones que se toman en el seno de la casa de estudios.

María Eugenia Figarella se graduó de licenciada en Química. Hizo una maestría en Desarrollo y Ambiente. Siempre ha trabajado en esa área: En el MARNR, PDVSA, AmbioConsult y desde 2002 ejerce en forma independiente. Es experta en auditorías ambientales, de las que ha efectuado más de cien. Nunca se ha desvinculado de la Universidad e incluso en 1980 participó en creación de la primera organización de egresados.

¿Qué se discute en el Consejo Directivo?

Se toman decisiones sobre temas académicos como ascensos, contrataciones de profesores, convenios que suscribe la Universidad con instituciones públicas o privadas, presupuestos, plan anual y seguimiento del mismo. También otras disposiciones como la escogencia del jurado de la Orden Ernesto Maíz Vallenilla, la elección del “Profesor al Mérito” y el reciente otorgamiento del “Doctorado Honoris Causa” a la Sra. Sofía Imber, por ejemplo. La dinámica de los últimos años ha impedido que discusiones importantes que deben darse en el seno del Consejo Directivo, como el sentido de dirección de la institución a largo plazo y los cambios estructurales para lograrlos, sean abordadas con la profundidad que consideramos los consejeros es necesario. Pero es que las políticas públicas para el sector universitario parecieran tener como objetivo hacer que el espacio para el pensamiento y la reflexión sea sustituido por recurrentes insuficiencias presupuestarias y rendiciones de cuenta que parecen más de una filial comercial que de una institución universitaria.

Fue esta representación, la que llevo al seno del Consejo Directivo las iniciativas de la Orden Ernesto Maíz Vallenilla y el Programa “Volver a la Simón” impulsadas por la AEUSB.

egresada MFLa necesidad de un relevo

Figarella tiene 6 años como delegada al Consejo Directivo. Con sus propias palabras dice: “Ya estoy jubilable”. Anteriormente, había sido la suplente de Catalina Ramos y Soledad Arocha, solo que “cuando era suplente tuve que comenzar a ejercer como principal porque Catalina ni Soledad pudieron venir más por razones laborales y personales”.

Recuerda que en aquel momento, comenzó a ver la dinámica y se dio cuenta que, incluso, dentro de la Universidad, no estaba muy claro cuál era el rol de los egresados. No se sabía la diferencia entre la representación del egresado y la Asociación de Egresados.

Una manera de motivar a los egresados a participar en los cuerpos colegiados de la Universidad Simón Bolívar sería “en primer lugar, lograr que los otros cuerpos de dirección funcionaran, porque el único activo es el Consejo Directivo”, considera Figarella. Las otras instancias fuera de funcionamiento son la Asamblea Universitaria, la Comisión Electoral y el Consejo Superior.

Recuerda que hace 10 años, durante la gestión de Benjamín Scharifker se hizo una reforma interna sobre cómo debería funcionar la Universidad, que no ha sido aprobada por el ministro y esa era una manera de consolidar la autonomía. Esa decisión fue consultada con el cuerpo académico, empleados y estudiantes.

Relata que entonces, se pensó que el Consejo Directivo debía desaparecer y que entraría en funcionamiento la Asamblea Universitaria, que era más representativa de la comunidad universitaria. El Consejo Superior, definitivamente, desaparecería. En consecuencia, las funciones del Consejo Directivo recayeron sobre la Asamblea, pero nunca fue aprobado. “Lo más lamentable, -sostiene-, es que la mayoría de los delegados a la Asamblea son profesores universitarios”.

“Fui delegada a la primera Asamblea Universitaria por los egresados de pre y postgrado y nunca había quorum. Veníamos los externos, pero los internos no portaban. No le dieron importancia al cambio de estructura”.

Figarella es del criterio de que probablemente obedeció al fenómeno que ocurrió antes de los 90 y en el 2000, que la gente delegó las responsabilidades y no quiso saber nada más. “Ese es uno de los aspectos que me motiva a continuar en el Consejo Directivo. Posiblemente, mi opinión no va a cambiar las decisiones. Podría hacer un punto pero puede funcionar perfectamente sin mi presencia”, comenta.

“Pero es un compromiso y una responsabilidad que uno tiene. Esa función de ciudadano. Lo veo más como egresada. Si pedimos participación, pedimos democracia, tenemos que ejercerlas y asumir las responsabilidades. Eso es lo que construye”, afirma.

La rendición de cuentas

En el marco de las responsabilidades, Figarella es del criterio de que una manera de motivar también a los egresados a participar es que la gente conozca de su gestión. Que se sepa qué hace, qué discute, qué aporta.

“Yo todos los años, en varias páginas de Facebook, en la web de los egresados, incluso en la página de los Sietesaurios, (Alumnos que ingresaron en los 70) hago un balance. Informo acerca de las sesiones que tuvimos, lo tratado, lo acordado. En fin, rindo cuentas de mi ejercicio como delegada por los egresados ante el Consejo Directivo. Esto, sin duda alguna, puede motivar a participar en estas representaciones en cuerpos colegiados. No hacerlo, -agrega-, desmotiva a participar porque si nosotros mismos no damos relevancia a la gestión, nadie lo va a realizar por nosotros”.

Un anhelo

María Eugenia Figarella cree que la optimización de la gestión de representación en los cuerpos colegiados de la USB pasa por la creación de un Consejo Consultivo. “Esto significa, que lo que los delegados llevemos a esas instancias sea el producto del consenso de un grupo. Sería crear un comité de apoyo para facilitar la toma de decisiones y en el que se discutieran asuntos de interés tanto para los egresados como para la comunidad universitaria, en general. Eso sería ideal”, concluye.

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