William Nazaret recibió la Orden Mayz Vallenilla

 

El pasado 24 de septiembre fue entregada la Orden Mayz Vallenilla a William Nazaret. El acto se llevó a cabo en el Paraninfo de la Casa Rectoral de nuestra USB y contó con la presencia de las Autoridades Rectorales, de los Jurados de la Orden, de Olga Ramos (quien recibió este reconocimiento en 2014), de familiares del Prof. Mayz Vallenilla, de la Junta Directiva de la AEUSB y de familiares y amigos del Dr. Nazaret. 

Puedes ver el album completo de fotos ACÁ. A continuación transcribimos las palabras dadas por la Lic. Catalina Ramos, Presidente de la AEUSB.

Acto de entrega de la Orden Mayz Vallenilla, 24.09.2015.

Palabras de Catalina Ramos, Presidente de la AEUSB.

He tenido la ventaja de leer, antes de este acto, algunas entrevistas que le hicieron a nuestros compañeros reconocidos con esta Orden, tanto en su primera edición el año pasado, como nuestro homenajeado hoy. Y me emocionó encontrar en las palabras de Olga, Benjamín, y William, la misma esencia, que comparto en su totalidad: en esta universidad aprendimos el valor de la búsqueda de la excelencia como actitud ante la vida, nos contagiamos de la pasión por el conocimiento, y entendimos la importancia de respetar las diferencias, valorar la diversidad de pensamiento y opiniones, como fuente de riqueza para la construcción de sociedades más amigables y sólidas. 

Los egresados de la USB siempre nos reconocemos en donde estemos. No importa el tiempo que haya pasado, hay “algo” que nos indica que venimos de la misma Alma Mater, algo que nos conecta enseguida. A manera de chiste, he dicho en ocasiones que es la comida del MYS. Pero reflexionando en torno a las entrevistas de mis compañeros y amigos mencionados, pienso que parte de lo que nos hace darnos cuenta que venimos de la misma raíz común, son esas características, que si bien son intangibles, tipifican el modo en el que nos desempeñamos y asumimos nuestra actitud ante la vida. 

Es estimulante darnos cuenta la relevancia del aporte que nuestros egresados han hecho a la sociedad. El egresado de la Simón, es evidencia viva y constante del cumplimiento cabal de uno de los objetivos importantes de la universidad: la formación integral del individuo. Por ello, tanto en Venezuela como en cualquier lugar del mundo en el que se encuentre, nuestro egresado se convierte en legítimo embajador de la calidad y la excelencia con la cual se formó en la USB. 

Hoy nos encontramos aquí, para celebrar los méritos y la notable trayectoria profesional y de vida de nuestro compañero egresado y amigo, William Nazareth, que tal como acabo de mencionar, es un embajador maravilloso de nuestra institución, no solamente donde ahora vive, sino mucho más allá, por la naturaleza y el impacto que ha tenido su desarrollo profesional. Desde la Asociación de Egresados, y en mi nombre, queremos transmitirle el orgullo que sentimos por esta orden que ha ganado, y le hacemos llegar nuestro abrazo de cariño y de felicitación. 

Pero precisamente, porque nos reunimos para celebrar los méritos que tuvieron su germen aquí, pienso que justamente es el momento de que nosotros, los egresados, miremos hacia Sartenejas, hoy, cuando nuestra universidad vive una de las situaciones más críticas de su historia. En estos salones, en estos jardines, nos forjamos como lo que hoy representan William, Olga y Benjamín, pero en unas condiciones muy distintas. Y si queremos que la universidad siga aportando al país a través de sus egresados, y de la crucial contribución que significa una universidad como la nuestra para el desarrollo y la modernidad de un país, tenemos la obligación de hacerlo. 

Como acabamos de escuchar en las palabras del Rector, estamos atravesando una situación crítica, debido a que las limitaciones presupuestarias acumuladas en los últimos años, y que se agravan actualmente con la realidad del país, han puesto a la USB frente a la obligación de intentar funcionar día a día, canalizando lo poco que llega hacia las necesidades más urgentes, impidiendo la posibilidad de planificar a mediano y largo plazo, de crecer, de ampliar sus programas, etc. Esto, además de lo obvio que hemos visto en las noticias de las últimas semanas, también ha venido provocando una fuga de talento que de seguir así, incidirá de manera permanente. 

Recuerdo, desde mi época de estudiante, que discutíamos permanentemente acerca del rol que la universidad tiene o debe tener en el desarrollo de un país. “La Universidad que queremos”, decíamos entonces. Tanto en aquella época, como hoy en día, creo que no hemos sido eficientes en mostrar cuál es ese rol esencial que deben desempeñar las universidades nuestras para el país. Prueba de ello, desde mi perspectiva, es que durante los últimos años, en los que se ha agravado dramáticamente la crisis universitaria, la sociedad venezolana, nosotros, sus ciudadanos, no hemos elevado nuestras voces en forma determinante, defendiendo la universidad, reclamando un modelo diferente de gestión universitaria, una relación más estrecha entre la universidad y el sector productivo, un vínculo más proactivo entre el Estado y el sector universitario en su conjunto. 

La universidad venezolana debe plantearse, con firmeza y sin miedo, la discusión de fondo en torno a las transformaciones que requiere, para alcanzar los retos globales de este siglo. Tenemos que diseñar nuevos modos de desarrollar la investigación, enlazados con el mundo, con nuestros sectores productivos, y que nos acerquen a un novedoso modelo de financiamiento que no sea dependiente exclusivamente del Estado. Tenemos que demostrar que la academia, junto al resto de la comunidad universitaria de la que formamos parte, es capaz de hacerlo, modernizando la gestión institucional, disminuyendo la burocracia, mejorando la eficiencia. 

Y es allí donde pienso que podemos ser muy útiles, nosotros, los egresados. En particular los uesebistas, que estamos distribuidos por todo el mundo, tenemos que conectarnos, convertirnos en una red de inteligencias y experiencias, que traiga ideas novedosas y productivas a la universidad. Una red viva, orgánica, en la que se sumen en forma exponencial el conocimiento, la energía creadora, y la pasión por la excelencia de cada uno de nosotros, para generar ese despertar que se hace imprescindible en nuestra Alma Mater. No podemos conformarnos simplemente con respaldar las justas reivindicaciones gremiales, que dicho sea de paso, se quedan cortas cada día que pasa. Tenemos que elevar el nivel de la discusión, es dramático pensar en todo lo que habrá que recuperar si no despertamos a tiempo. 

Sabemos que es posible, porque aún hoy, en forma aislada y esporádica, aparecen iniciativas en ese sentido. Iniciativas como la del convenio entre el Parque Tecnológico de Sartenejas en Silicon Valley, y entonces, nos damos cuenta de que sí es posible. De que las dificultades solo sirven para convertirlas en oportunidades de mejorar. 

Por ello pienso que, en la medida en que hablemos del rol esencial que la universidad tiene para que Venezuela de el gran salto a la modernidad; cuando expliquemos cómo la academia, la investigación, la ciencia y la tecnología son imprescindibles para conectarnos con el mundo, y seguir al ritmo acelerado que el desarrollo nos impone; cuando defendamos a viva voz que el talento, la inteligencia, el esfuerzo, el mérito y la excelencia deben ser los valores que signen el desempeño universitario; cuando asumamos ese otro nivel de discusión, estimo que la sociedad venezolana alcanzará a ver la importancia de defender a capa y espada a su universidad. 

Nuestro Rector, en una de las primeras reuniones que tuvimos previas a nuestra elección como Junta Directiva, dijo unas palabras que hoy quiero rescatar: “no tengo prisa, hemos luchado mucho, para salir ahora por la puerta de atrás”. Rescato el espíritu de dichas palabras, que es parte de la motivación por la que estamos aquí, y aprovecho además para invitar a todos mis compañeros egresados a ser voceros de esta inquietud, de modo que cada vez seamos más los que estemos al tanto de lo que sucede en Sartenejas, y en consecuencia esta red viva crezca, como un gran entramado de conocimiento y experiencias que estamos llamados a constituir, y que acompañen la gestión de la universidad. 

Desde la asociación de egresados, estamos dispuestos a dar esa discusión, a servir de promotores de esa red, y esperamos de la universidad una mayor apertura a esa integración. Los egresados esperamos no solo ser vistos como el potencial aportante a los distintos proyectos en momentos de crisis, sino también como participantes clave en el diseño de esos proyectos, como fuentes de información de lo que está sucediendo en el mundo; en resumen, que logremos establecer una relación proactiva y recíproca, que garantice que en un futuro no muy lejano, la Universidad Simón Bolívar desempeñe un rol determinante en la transformación de nuestro país, hacia la prosperidad, la modernidad, donde el conocimiento, la excelencia, el valor del esfuerzo propio, y el respeto a las diferencias se constituyan en su eje conductor, como lo han sido en nuestras vidas.


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